Por otro lado, los nuevos esquemas gerenciales exigen procesos flexibles ante los
cambios introducidos en la organización; una estructura plana, ágil, reducida con
un ambiente de trabajo que satisfaga a quienes participen en la ejecución de los
objetivos organizacionales; un sistema de intercambio basado en la productividad
y efectividad en donde se comparta el éxito; y un equipo de trabajo participativo en
las acciones de la organización. En este sentido, los directivos deben establecer
un ambiente que permita la participación de todos los profesores para mejorar la
calidad; esto a través de la integración de prácticas que involucren: selección,
desempeño, reconocimiento, capacitación y avance profesional; los mismos
constituyen procesos de cambios estratégicos que puede ayudar a la generación
de un clima adecuado, así como, a contribuir directamente al incremento de
productividad del trabajo docente (Mújica de González & Pérez de Maldonado,
2007).
Por otro lado, el clima o ambiente de trabajo constituye uno de los factores
determinantes, no sólo de los procesos organizativos y de gestión, sino también
de transformación. Al hablar del ambiente educativo, el clima comprende el
ambiente interno, el contexto, comportamiento y el enfoque estructural de la
institución. Esto conduce a entender el clima organizacional como el conjunto de
percepciones compartidas que las personas se forman acerca de la realidad del
trabajo en la organización, donde concurren los componentes sociales (políticas,
normas, reglamentos, desempeño de roles, funcionamiento de grupos) y
estructurales de la institución universitaria (Mújica de González & Pérez de
Maldonado, 2007).