civilizatorio que plantea la reproducción del capital y el desarrollo tecno-
científico.
Por esta razón, buena parte de las informaciones provenientes de este sistema
tecno-científico sólo pueden entrar en el mundo social de la vida como un saber
tecnológico destinado a la ampliación de nuestro poder de disposición sobre
objetos o procesos objetivados. No se relaciona ni está al mismo nivel con las
dimensiones éticas, estéticas y políticas con las cuales se construyen las
modalidades de la autocomprensión que orientan la acción de los grupos
sociales.
Entonces, el problema sería es cómo posibilitar la traducción del saber
técnicamente utilizable a la conciencia práctica del mundo de la vida. Pero no
solo eso. También se debe reflexionar sobre la conexión, hoy emergente y no
deliberada, entre el avance tecno-científico y el mundo de la vida y de cómo
someter esa conexión a los controles de una discusión racional. Como vemos,
dichas reflexiones resultan esenciales para ampliar nuestra comprensión acerca
de las relaciones entre teoría y praxis pues, sería una posibilidad de evitar el
reduccionismo de presentar las cuestiones y dilemas éticos y políticos sólo
como un asunto de decisiones tecno-científicas, privando a la discusión de
estas importantes dimensiones de la acción social, y esto resulta
particularmente evidente en cuestiones prácticas tales como las relacionadas
por ejemplo con la dirección, estrategia y gestión de las organizaciones
incluyendo al Estado y a los asuntos públicos en general.