A lo anterior, debe agregarse una dificultad adicional. El problema de asegurar
una adecuada conexión entre los saberes técnicos y los saberes y valores de la
conciencia práctica también está ligado al acervo colosal que el conocimiento
tecno-científico ha acumulado. No se trata pues de armonizar las técnicas
aprendidas de manera pragmática como era el caso de los oficios clásicos con
el mundo de la vida; en la actualidad el desafío es asegurar la conexión entre
las dimensiones éticas y políticas de la acción social con un cúmulo de
informaciones científicas, susceptibles casi de manera inmediata de traducirse a
tecnologías que generan fuertes impactos en los objetos y procesos objetivados
de dicho mundo social.
Debemos recuperar la propuesta avanzada en la Ciudad del Sol de Campanella,
cuando sugiere que se ha de organizar el trabajo según el libro de las ciencias:
el conocimiento del canon científico constituye el requisito previo de la práctica
correcta. Sin embargo, también hay que incluir la idea que la política, la ética, la
ciencia, la técnica y el arte representan la manifestación y objetualización
inseparables de las facultades humanas y que todas ellas contribuyen a la
conquista de la naturaleza y al mejor conocimiento de la condición humana. En
la medida de que los sentimientos y la razón, la experiencia y el método actúen
conjunta y armónicamente el hombre y su mundo aparecerán unificados. Sin
embargo, las tendencias históricas prevalecientes nos llevan hacia algo
diferente.