Al interior de estas reflexiones es necesario destacar que el predominio de este
conjunto tecno-científico que olvida o reduce las dimensiones éticas, estéticas y
políticas de la actividad humana estaría propiciando la emergencia de dos
universos en los cuales se disocian la economía y la cultura. Los sujetos, tanto
individuales como colectivos deben conocer y actuar en un contexto muy
singular en donde el mundo instrumental está siendo progresivamente separado
del mundo simbólico. Economía e identidad dejan de ser conjuntos relacionados
de manera inmediata y necesaria. Esto explica que el sentido de la acción
colectiva ya no puede definirse a priori, mediante un análisis de congruencia o
contradicción con un principio superior de funcionamiento y evolución de la
sociedad. Las acciones individuales y colectivas no pueden evaluarse más que
en virtud de la recomposición del campo social y políticos que permita una
nueva forma de integración del mundo instrumental y el mundo de las
identidades culturales. Todo ello, a su vez, configura una explosión de formas
ante la cual se intentan múltiples, contradictorias e incluso contrastados intentos
de comprensión de la realidad, mismos que atienden, además, al carácter
progresivamente plural que las sociedades contemporáneas tienden a adoptar.
Este conjunto de reflexiones ubicadas en este peculiar contexto del mundo
socio-productivo de una organización sumida en una crisis general de
legitimidad y eficacia es que enfrentamos la tarea de conceptualizar y construir
un conocimiento, al interior de la praxis humana, dirigida no sólo a la
comprensión de la realidad sino también ligado indisolublemente a las tareas de
su transformación. No arribamos a conclusiones, simplemente estamos