administración, producción y marketing y que pueden convertirse en nuevos
negocios dentro de su organización (Villegas, 2014).
Las características personales de uno y de otro tipo de emprendedor no
difieren mucho: en ambos casos se habla de personalidades con fuertes rasgos de
liderazgo, innovadores, creativos, flexibles y adaptables, con amplias capacidades
de gestión administrativa y de procesos. Para el intrapreneur, la recompensa se
haya en sus logros, en la demostración de que su visión es exitosa, pero también
en el reconocimiento dentro de su organización por convertirse en un agente de
cambio acelerado; no obstante también puede llegar a ser catalogado como
amenazante por promover el desafío constante al estado de las cosas, a los
paradigmas establecidos, a los modelos de negocios institucionalizados, etc. No
son raros los casos en los que ejecutivos de empresa, frustrados ante la
imposibilidad de ser intrapreneurs en la misma, deciden separarse e iniciar sus
propios emprendimientos (Rodríguez, 8 de mayo, 2013).
Cuando se habla de emprendimiento, es inevitable relacionarlo con los
términos de invención e innovación, aunque debe aclarase que estos dos últimos
no son sinónimos. La invención es el acto de crear un concepto nuevo para
potencialmente convertirlo en un bien o servicio. Cuando la invención ha sido
establecida y es buena, comienza la segunda etapa, la innovación: hacer de la
nueva idea un éxito comercial. Esta segunda etapa puede ser llamada
implementación o desarrollo comercial, entre otros adjetivos. Tan importante es la
invención o generación de la idea, como la innovación (Pinchot III, 1985).