deterioro es inevitable. Un ejemplo de ello es el caso del pastoreo de propiedad
común; los criadores de ganado no tienen incentivos para restringir la cantidad de
vacas que pastan, porque si un criador no pone una vaca a pastar, su vecino lo hará
y por lo tanto recogerá los beneficios de criar un animal adicional. Así, entonces sé
sobre utilizan las tierras. Si estas tierras tuvieran dueños no pasaría esto, pues ellos
se encargarían de no explotarlas más de la cuenta, porque a los propietarios no les
convendría.
Hernán Buchí da como ejemplo a las sociedades de Europa que tienen un nivel de
vida más alto, donde el Estado reparte sus riquezas entre sus ciudadanos y que sin
embargo se están viniendo abajo. "Se dice que el mercado no asegura la protección
del medio ambiente, y es cierto. Lo que no se ha dicho con suficiente claridad es
que el Estado tampoco lo hace. El problema no es del mercado, sino la falta de
definición de los derechos de propiedad sobre los recursos del medio ambiente".
Los mercados premian la eficiencia, que es buena para el medio ambiente,
minimizado el daño producido por acciones irresponsables y poco inteligentes.
La prosperidad, a medida aumente su nivel de vida y se cubran las necesidades
básicas de la población, el tema ambiental va adquiriendo cada vez más
importancia, los individuos se preocupan por el medio ambiente porque sus
necesidades ya están cubiertas, de esta manera el libre mercado asegura la
protección del medio ambiente, las expectativas de tenerlo limpio y sano serían más
viables. Si se miran las "ecologías centralizadas", uno ve que son burocracias igual
y conllevan a la ineficiencia en la utilización de recursos, hay mucha gente que se