calidad, que no se deshacían entre las manos. El mundo había vivido una gran
crisis y la necesidad de proteger lo que se poseía era evidente para quienes
sufrieron la carencia de todo. Sin embargo, a los jóvenes nos ha tocado vivir una
época en que todo es desechable, corriendo el riesgo de decir que hasta las
relaciones humanas entran en esta clasificación "desechable". La relación que tiene
el hombre con la naturaleza hoy nos lleva a una carrera netamente suicida, pues
nos destruimos en nombre del "desarrollo", ejerciendo una presión desenfrenada
sobre los recursos del planeta. Muchos afirman que esta explotación desmedida se
debe al exceso de población. A esta posición se le llama neomalthusismo y su
reflejo más claro está en los países pobres, donde la población padece políticas que
buscan reducir el índice de natalidad, cuando una de las mayores riquezas del
hombre siempre ha sido su fuerza de trabajo. El problema es que los hombres piden
un salario para su manutención junto con sus familias, y las máquinas
computarizadas pueden sustituirlos con mucha ventaja económica.
Existen muchos grupos ambientalistas que se inclinan, ante todo, por la protección
de la naturaleza, que ha sido destruida producto de la sobreexplotación,
deforestación e incluso por causas naturales que no pueden ser controladas por el
hombre, llegando algunos incluso a pensamientos tan macabros como
autodestructivos: "mortandades humanas masivas serían buenas. Nuestra tarea es
causarlas. Es tarea de nuestra especie, en relación al todo, eliminar un 90 por
ciento de nuestras cifras". Incluso algunos han dado la bienvenida al SIDA como
una forma de lograr esto, mientras el informativo de la organización radical Earth
Flirt! Llamó a una investigación acerca de un "virus específico" que pudiera destruir