En la producción artesanal no es posible determinar los precios de las obras de
esa manera por varios factores: no existen procesos definidos de producción, son
continuos. Al mismo tiempo se pueden estar elaborando diferentes piezas, mismas
que no se puede precisar cuándo se terminarán. No se pagan sueldos y salarios
porque es la familia la que trabaja en la producción. En la materia prima en pocas
ocasiones se le invierte, la mayoría es donada. Los pocos gastos que se realizan
son la renta, luz y materiales para los acabados. Con base en lo anterior, no
existen bases para poder determinar los precios en que se venderán las obras
creadas. Nuevamente interviene el aspecto simbólico. Por tal motivo, se insiste
que tanto lo simbólico como la familia, permean la vida de estas organizaciones,
por lo que es tan compleja su comprensión. El artesano, al no tener bases de
cómo determinar sus costos y saber en cuánto puede vender sus obras, opta por
asignarles un precio simbólico y en base a los factores, que según él, le sirven de
base.
La comercialización artesanal.
Los artesanos venden sus obras principalmente en sus hogares, ya sea de
manera directa o por encargos. Hace tiempo vendían en cantidades
considerables a la Casa de las Artesanías de Chiapas, Instituto de las Artesanías
en la actualidad, pero dejaron de hacerlo por motivos de que a ellos les
compraban barato y lo vendían al triple de su valor; era un fin netamente
comercial, además de que les pagaban sus obras con mucho retraso.
Como estrategia de venta consideran que al cliente hay que motivarlo para que
observe primero las piezas, para que se enamore de ellas, jamás hay que
obligarlo o presionarlo, es como el amor, llega por la vista.