INTRODUCCIÓN
Es indudable la importancia de las organizaciones en la sociedad y el desarrollo
de nuestro país, éstas, generalmente han sido estudiadas desde una perspectiva
positivista, mecanicista, funcionalista, es decir, desde una visión altamente
racional del funcionamiento de la organización, orientada a la eficiencia y
productividad, privilegiando el identificar problemas, encontrar respuestas y
prescribir soluciones, con acciones para mejorar el desempeño organizacional,
aspectos que sin duda son útiles, sin embargo, es importante tener en cuenta la
complejidad, la diversidad organizacional, sus subjetividades y estudiarlas como
un sistema social donde los actores interactúan entre sí y cuyas relaciones están
mediadas y compartidas por un sistema de símbolos culturalmente estructurados y
compartidos. (Parsons, 1951 en Ritzer, 2008), que influyen en las acciones y
resultados de dichas organizaciones.
Asimismo, las organizaciones están integradas por personas (consideradas como
seres complejos), que realizan una serie de actividades para alcanzar fines
particulares y con diversas maneras de aproximarse a la realidad y cómo
enfrentarse a la misma, persiguen cierto fin, y coinciden en ciertos valores, cultura,
creencias, mitos, leyendas, ideología, lenguaje a través de los cuales los
individuos dan significado y dotan de sentido su actividad laboral. Por lo tanto, es
importante visualizar al ser humano no sólo como un ente económico, que