Página 300 - VIDA SIMBOLICA

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que parezcan, que no lo son tanto, porque la historia que contamos, de cómo
fuimos vejados y acosados, otros la escuchan, y la creen, o nos piden datos sobre
ella para llegar a creerla, proceso que otorga aun así una incipiente certificación
de objetividad a lo compartido anecdóticamente, no se peca de subjetivo cuando
el otro está al acecho de lo que sucede, donde la manera de hablar de esa
realidad patológica-laboral, implica algo más que sólo describirla o re-presentarla,
hasta cierto punto la constituimos.
De manera osada, podría imaginarse que las cosas fueran lo que decimos
que son, o al menos hay formas menos brutales de asimilar la realidad, sin que la
verdad te destruya, como los relatos etnográficos y las metáforas cotidianas del
mobbing, del mismo modo la Terapia narrativa White (2004) explora propósitos,
valores, sueños, anhelos, esperanzas y compromisos rotos y cumplidos, en
nuestro caso, si retomamos al personal sobresaliente, como el protagonista de las
aseveraciones que hacemos, como blanco principal del acoso, poniendo al
descubierto, de manera irónica, sitios obscuros, que explican, cómo el mejor, se
convirtió en el peor de todos, en su propia y ratificada por sí mismo opinión, la
terapia narrativa, apelaría a la metáfora de imaginarse como si se fuera en el
asiento del conductor de su propia vida, acercándose de ese modo a lo que se
quisiera ser y hacer en la vida.
En cambio, por así llamarla, la terapia metafórica, se preguntaría más bien
el porqué, y cómo, nuestros sueños fueron rotos, a grado tal, que pensamos que
nosotros mismos nos saboteamos, y dimos al traste con nuestras más caras y
acariciadas ilusiones, como si, condujéramos nuestra vida a un barranco, para