pueda contar una persona sobre sí misma, hasta el grado de des-identificarla
consigo misma, de ahí, que se explique que la víctima del mobbing, en su
desenlace, perpetra su au-toeliminación, por estar a tal punto alienada, que ya no
reconoce al triunfador reflejado en sus méritos profesionales y académicos, sólo
ve el reflejo del perdedor, frustrado por una sola experiencia, donde, parece poner
en duda sus logros anteriores, pero que es sólo el ardid para desplazarlo y
segregarlo de la organización, dada su alta peligrosidad, como depredador de los
mediocres, a causa de esto, resulta impostergable de-construir o des-mantelar
dichas historias dominantes de índole laboral, que aplastan y des-dibujan lo que
somos, para lo cual se debe mostrar las creencias, valores como prácticas, que
alimentan tales historias, que preconizan, la destrucción laboral del mejor.
Para des-enmascarar e inutilizar la historia dominante, la terapia narrativa
suele invocar que se nombre el problema que nos aflige, que se le identifique,
para poder encarnar al enemigo contra el que se combate, lo que la Teoría
metafórica logra a través de las metáforas del mobbing, cuando el rival, por
titánico que sea, deja su velo de invisibilidad, reforzado por la inconciencia,
potenciada por los otros que te tratan como si no pasara nada, como si fueran tus
aliados hasta el fin, que secretamente conspiran sobre tu vampirización, así se
puede explorar al enemigo materializado, hallando sus fortalezas como
debilidades, descubriendo cómo vencerlo.
Desde luego, el proceder terapéutico prosigue con la contextualización de la
problemática, el acoso laboral encarnado, para buscar más historias, como datos
curiosos y excepcionales, que completen la historia que está siendo fabricada,