desde mariposas, plantas, genes y ADN, hasta piel humana, laboratorios,
bioreactores, tubos de ensayo; de los cuales se toma posesión y se crean
obras, modificando procesos históricos y culturales” (Medina, 2007).
Así, los métodos para realizar obras han trasformado no sólo la técnica de
realización, sino que han dado un giro completo a la manera de abordar sus
temáticas. El arte que se interesa por la vida (Catts, 2006), es decir, el Bioarte, se
postula como una nueva forma expresiva, que si bien mantiene una tradición de
ruptura como lo hicieron las vanguardias en el siglo XX, ahora incorpora
disciplinas que lo distinguen de ellas. Se ha configurado como una de las primeras
vanguardias del siglo XXI, transformando los formatos y los conceptos de
presentación que hasta el momento se habían desarrollado. “La tradición de lo
nuevo ha reducido a todas las otras tradiciones a la trivialidad” (Gombrich, 1995:
36).
La humanidad ha entrado en una nueva fase histórica al construir un mundo
esencialmente tecnológico; la mayoría vive en un “paisaje artificial” (ciudades y
megalópolis) que los desvinculan de la naturaleza. El mundo tecnológico se ha
extendido a tal punto que constituye la esfera inmediata de la vida, es más, ésta
ha sido subsumida como un componente del mundo tecnológico. No queda
naturaleza que no haya sido alterada de algún modo por la tecnología (Linares,
2008: 17). Es en este contexto que el denominado Bioarte se manifiesta como una
tendencia importante del arte contemporáneo a nivel mundial.