Portugal, llamado
Ectopia (2009)
, en él, se invita principalmente a artistas y a
investigadores a proponer proyectos ya sea artísticos o científicos, que puedan a
su vez ser intervenidos por diversas disciplinas y por otros residentes del lugar.
Aunque las asociaciones y universidades antes mencionadas, tienen un enfoque
más marcado, hacia la ingeniería genética y un sostén económico que les permite
desarrollar arte de laboratorio; hay propuestas dentro de esta vanguardia del siglo
XXI, que si bien pueden considerarse bioartísticas, no trabajan en laboratorios
convencionales o realizando intercambio genético. Esta sería otra de las
ramificaciones del Bioarte: aunque manipulan organismos vivos y lo vivo del
planeta, lo hacen desde un una perspectiva no invasiva, ya que no aspiran a crear
seres inexistentes como animales o plantas fluorescentes o cerdos con alas; ni
tampoco se pretende por medio del arte mejorar las ya vivas, simplemente hacer
uso de los avances de las ciencias naturales para la exploración artística. Puede
decirse que el
arte transgénico
encuentra su contraparte en el
Sciart,
el cual en
vez de intervenir y alterar la vida de cualquier ser, colabora para dar vida a una
pieza; el debate sigue siendo el mismo: los límites de la ética y la estética, del arte
y la ciencia.
Un ejemplo del
Sciart,
es el artista y taxidermista Enrique Gomez de Molina, de
E.U.A. quien crea esculturas hibridas de especies animales que jamás podrán
existir. Su trabajo consiste en unir fragmentos de cuerpos de diversos animales ya
muertos, presentando esculturas de animales exóticos y únicos, en perfecto
estado y con una conservación sólo posible por medio de la taxidermia. El artista
ha promovido su trabajo como un medio para reflexionar acerca de la destrucción