En el arte, el hecho mismo de incluir elementos tecno-científicos y al convertirse
en una tendencia mundial y nacional que es comercializada y consumida, es que
puede hablarse de una innovación tecnológica dentro del campo artístico, ya que
por medio de la creatividad de los creadores de arte, el oportuno momento
histórico en el que la tecnología cambia agigantadamente y lo novedoso se
convierte en austero; gracias al reuso de desechos tecnológicos aun servibles, a la
modificación de los productos, la maquinaria y por supuesto en la técnica de
creación y por último, a la implementación y venta de estas formas vanguardistas
dentro del mercado del arte, al ser consumida y aceptada práctica y teóricamente
como un momento transcendental en el presente y futuro artístico, es que puede
realizarse dicha afirmación. El Bioarte va más allá de crear nuevos saberes,
innova creativamente recreando la tecnología y modificando las técnicas de
creación que se habían utilizado dentro de esta área, propiciando así, nuevas
formas no solo de entender sino de hacer uso de la tecnológica existente.
Por su parte, el modelo de Marquis, se vincula con otro elemento que nos permite
afirmar que existe innovación en el campo bioartístico, el consumo cultural, éste se
asemeja a lo que Marquis, denomina demanda potencial y está determinada por el
éxito ya sea en la comercialización o en este caso por la implementación y difusión
creciente de los productos innovadores, es decir, las obras bioartísticas.
Es el consumo cultural el cierre de este ciclo, ya que aunque no todas la bio-obras
son creadas para ser vendidas, si lo son para ser consumidas; es en él, que puede
darse cuenta de la aceptación que esta tendencia del arte a nivel mundial y a nivel
nacional ha tenido y tiene. El consumo permite que arte e innovación acorten su