personal, que instala y quema los voladores, juegos aéreos y castillos. Aun así es
de destacar las destrezas que implica tal tarea, que se crean por la vinculación del
comerciante con la actividad productiva en años anteriores, ya sea desde su
ambiente familiar o como empleado de algún taller. Es de señalar que las
modalidades son generales, pues se originan híbridos entre ellas.
De acuerdo a los testimonios recolectados de los empresarios entrevistados, la
antigüedad de las microempresas pirotécnicas está sujeta a aspectos como la
sucesión de la tradición familiar, que está inherente en las organizaciones que
llevan en funcionamiento entre 40 y 60 años, las cuales son el 15%. Otro aspecto
es el tiempo de vinculación del empresario a la actividad pirotécnica, que implica
su independización de talleres familiares o en los que laboraron como empleados,
luego de adquirir la experiencia suficiente; este es el caso de los rangos
comprendidos entre 10-15 años y 16-25 años, aclarando que este fenómeno no se
puede generalizar, ya que existen variables igualmente influyentes como las
oportunidades del empresario y su situación económica. De acuerdo con la última
categoría, se encuentra que durante mediados de los noventa se dio la creación
de la mayoría de los establecimientos (el 45%) mientras a finales de la década e
inicio del 2000 hay una nueva tendencia de constitución empresarial representada
en el 25 % de las organizaciones. Unas pocas empresas (el 15%) fueron
instauradas hace menos de diez años.
En lo que respecta a la actividad económica en la cadena productiva de la
elaboración de productos pirotécnicos, se pudo deducir conforme a las bases de
datos de la Cámara de Comercio y el trabajo de campo, que la mayoría de estas