manipulación de dichos elementos, ya que son de alta peligrosidad y también son
usados para fines bélicos. Con dicha licencia, los polvoreros artesanales acuden a
las empresas oferentes de dichas sustancias, en las que compran cantidades por
bultos y en algunas ocasiones son traídas solamente por las organizaciones que
poseen mayor capital, por lo que los talleres pequeños al no requerir tanto material
o al menos no de modo constante, se vuelven clientes de sus competidores. No
obstante, en verdad es una dinámica de cooperación en cuanto la modalidad de
pago que hacen entre ellos es la fianza, mientras son vendidos los productos que
se van a producir con el material comprado. Esta relación cooperativa entre los
empresarios está inherente además en el negocio existente de fórmulas para la
lucería. Consiste en que para la elaboración de castillos se requiere de fórmulas,
que se realizan con distintos químicos, para conseguir diferentes colores y efectos
lumínicos, con ello se mejora el nivel de las presentaciones, de tal modo que
algunos de los pirotécnicos experimentan haciendo mezclas o investigan con
polvoreros forasteros para conseguir nuevos “trucos”, los cuales luego de ser
expuestos como innovación por sus inventores son revelados a los mismos
competidores, estableciéndose un precio de compra o haciendo trueque de sus
secretos industriales. Aun así el grado de innovación es escaso, pero son los
polvoreros de mayor edad quienes la efectúan, debido a su conocimiento y
trayectoria. Se destaca, además la existencia de la Asociación de Pirotécnicos de
Guateque, que principalmente se encarga de la organización y realización del
Festival de Luces de cada año. El impacto de su labor se evidencia