1.1. Campo y habitus de la familia
El concepto de habitus permite comprender a la familia como universo de
reproducción social, portadora de disposiciones generales propias que fundan en
el individuo ciertas disposiciones únicas y distintivas que se sujetan según las
condiciones económicas y sociales de su reproducción (Bourdieu, 1988); es decir,
la estructura de su estilo de vida con base en su condición de clase y
condicionamientos sociales que demarcan prácticas concretas interiorizadas; cuyo
fundamento se genera por las condiciones de vida de la familia; así como, la
forma en la que éstas prácticas vislumbran una relación concreta con la estructura
social (p.477). Estos estilos de vida, son aquellos productos del habitus que
acontecen en sistemas socialmente clasificados. Aquellas prácticas cotidianas que
conforman un estilo de vida se corresponden con un habitus determinado (de
clase alta, de pequeña burguesía, media o baja clase, etcétera).
El habitus familiar puede verse como un sistema de disposiciones para actuar,
percibir, sentir y pensar de cierta manera, interiorizado e incorporado por los
individuos, manifestándose en la “aptitud para moverse, actuar y orientarse según
la posición ocupada en el espacio social, de conformidad con la lógica del campo y
de la situación en los que se está implicado, todo ello sin recurrir a la reflexión
consciente, gracias a las disposiciones adquiridas que funcionan en cierto modo
como automatismos” (Giménez, 1997, p. 4). De tal forma, que la actuación de una
familia esta sujetada por su habitus y al capital que detenta. Este capital configura
una serie de interrelaciones sobre su posición social, su actuación y los códigos
que definen su unicidad; que se manifiesta; por un lado, por la profesión, nivel de