particular que se había convertido en una especie de “gerente a la sombra” quien,
en última instancia, tomaba las decisiones más importantes de la compañía. Esta
situación se dio en un contexto de inexistencia de órganos de gobierno
corporativo, lo cual facilitó la acción del particular en función de sus propios
intereses y en detrimento de los propietarios, lo que generó una relación típica de
agencia.
Por lo tanto, desde la perspectiva de la observación hecha en este trabajo, es
necesario que cuando, bajo cualquier figura, un particular reciba algún tipo de
delegación que involucre la posibilidad de ejercer control sobre una empresa, es
necesario que existan órganos de gobierno corporativo que funcionen como entes
de control.
No obstante, en las organizaciones donde se ha dado un proceso de transición en
que el fundador tiene la capacidad para enfrentar los procesos empresariales, se
puede observar una sucesión tranquila, sin traumatismos importantes sobre la
marcha de la empresa y sin amenazas respecto a que el control de la empresa lo
mantenga la familia propietaria. En estos casos, además de la transmisión del
mando, se ha dado una transferencia del conocimiento acumulado sobre la
empresa y el negocio, situación que permite que se mantenga la propiedad sobre
el capital físico y sobre el capital intelectual de la compañía.