Muchos autores destacan la importancia de un "clima saludable", teniendo en
cuenta que inevitablemente impacta en las actitudes del personal, que a su vez
repercuten en el desempeño organizacional. Entre ellos, Castillo (2014), destaca
que es necesario que las organizaciones fomenten un clima positivo, que genere
confianza, buenas relaciones, tolerancia y autonomía, ya que de esa forma, se
reforzará un mayor compromiso y sentido de pertenencia de parte de los
trabajadores hacia la empresa.
Además, es deseable que los empleados perciban que su organización y
directivos se preocupan por la satisfacción de sus necesidades, lo que puede
influir en su motivación.
Antecedentes
Con relación al origen del estudio del clima organizacional, Soria (2008), hace
mención de que tiene sus raíces en los estudios de Lewin (1951, citado por
Denison, 1996) relativos a "climas sociales creados experimentalmente" y que su
aplicación a los estudios organizacionales fue realizada por Litwin (Tagiuri y Litwin,
1968 y Litwin y Stringer, 1968) y Likert (1961 y 1967).
Por otro lado, en cuanto a la fundamentación sobre el concepto de clima
organizacional, Cardona y Zambrano (2014), citan, que se puede establecer que
Lewin, Lippit y White (1939), realizaron las primeras aproximaciones, mediante