ellasestán obligadas a adquirir un dominio técnico sobre procesos objetivados.
Empero, en esta reflexión en torno a la articulación entre la teoría y la práctica
para asegurar la construcción de aquella praxis interventora capaz de
transformar una organización en crisis debemos destacar otro fenómeno de
gran trascendencia que necesariamente debería ser encadenado a ella. Nos
referimos al hecho que desde la emergencia y consolidación de la sociedad
industrial la investigación científica se ha venido ligando -cada vez con mayor
intensidad y de manera más directa- con el desarrollo tecnológico. La
tecnología, que en su origen estaba principalmente orientada a la resolución de
los problemas y desafíos del sistema y proceso productivo, en su explosivo
desarrollo, adquiere una multiplicidad de propósitos al invadir la esfera social. Y,
justamente, en este desplazamiento es donde se revela con mayor nitidez un
peculiar encadenamiento entre ciencia y tecnología dando lugar al sistema
tecno-científico actual, que podría ser visto como el resultado de un proceso
emergente (propio de los sistemas complejos) más que de acciones
estratégicas o políticas deliberadas.
En este conjunto emergente: “la tecnología, la producción y la administración se
tornan funcionalmente interdependientes”(Habermas, 1984) y es donde, en
gran medida, se estructuran las bases mismas de la sociedad moderna, bases
que en lo fundamental están constituidas por una red de organizaciones e
instituciones que aunque se constituyen en mediaciones omnipresentes en la
vida social, al estar orientadas fundamentalmente por una racionalidad técnico-