Como menciona Fernando Soto Baquero, Representante de la FAO en México, no
basta con centrar la atención exclusivamente en cuánto más se debe producir de
alimentos, sino que también es imprescindible preguntarse cómo debe hacerse,
cuidando así los recursos naturales de los que dispone y utiliza y aportando al
cuidado del ecosistema perteneciente (Rivera, 2015).
Es decir, las prácticas agrícolas deberán incluir acciones que valla en pro del
medio ambiente, llevando a cabo prácticas eficientes haciendo uso racional de los
recursos naturales, siendo responsable del impacto que dichas actividades
generan en el medio ambiente. Una agricultura sostenida implica mantener
satisfechas las necesidades actuales y futuras del mundo, debe proteger y mejorar
la calidad del aire, del suelo y del agua: esto es, debe ser “amigable” con el medio
ambiente. Lo anterior, permitirá comunicarse mejor con sus “clientes”… los
consumidores de alimentos de mundo. (Dars, 2001)
Según Luis & Vargas (2012) en Unión Internacional para la Conservación de la
Naturaleza (1990) el desarrollo sustentable es un proceso de mejoría económica y
social que satisface las necesidades y valores de todos los grupos interesados,
manteniendo las opciones futuras y conservando los recursos naturales”.
La sustentabilidad es parte fundamental de la estrategia global que las empresas
han de adoptar para obtener rentabilidad y elevar la productividad; sin embargo los
directivos tienen que poner en la balanza, y evaluar las actividades realizadas y
sus impactos generados que perjudiquen el medio ambiente que rodea a la
empresa. Es así pues, que la gestión de los directivos debe basarse en una toma