A pesar de grandes y cuantiosos estudios, nadie ha podido concretar en si un
concepto único de competitividad, resulta algo difícil poder definir dicho concepto
debido a la interdependencia de los diversos factores propios de cada país; lo que
funciona en uno no necesariamente funciona en otro; es decir, cada país es tan
complejo por lo tanto, es imposible establecer una base de parámetros medibles
de la competitividad nacional.
La CEPAL introducen el concepto de competitividad auténtica de una economía,
entendida como la capacidad de incrementar, o al menos de sostener, la
participación en los mercados internacionales con un alza simultánea del nivel de
vida de la población (Hounie Adela, 1999). Esta misma organización estipula la
existencia de una relación causa y efecto; para generar competitividad, ésta
depende de las posibilidades que se tengan de elevar la productividad al nivel de
las mejores prácticas internacionales.
Porter (2009) en Hernández et al (2005) afirma que la capacidad de las empresas
para competir depende de las circunstancias locales y de las estrategias de la
empresa. La empresa logra formular ventajas competitivas mediante actos de
innovación, llevando este concepto a su sentido más amplio, ya que comprende el
diseño de nuevos productos, nuevos procesos de producción, nuevo método
comercial, nuevo método de capacitar al personal, por mencionar alguno.
Sin embargo, la innovación implica inversión tanto económica como inversión
humana, en capacidades de destreza y conocimientos así como de perseverancia
y constancia puesto que la innovación es el resultado de la realización de
actividades a prueba y error.