Algunas innovaciones crean ventajas competitivas, gracias a la facilidad de captar
una oportunidad de mercado totalmente nueva o bien, sirve a un sector de
mercado, al cual otros han hecho caso omiso. Cuando los competidores
responden con lentitud a tal innovación, es ahí cuando se crean una ventaja
competitiva (Porter, 2008). Una vez que una empresa logra dicha ventaja a través
de una innovación sólo puede mantenerla mediante la mejora continua.
Otra forma de crear ventajas competitivas es mediante el establecimiento de
relaciones laborales o “networking” con los integrantes de la cadena de productiva.
Bejarano (1995) en Montoya et al (2008), relacionó el concepto de cadena
productiva con un campo de la organización económica, en el cual se genera una
serie de eslabonamientos entre conjuntos de unidades de producción, los cuales
participan tanto en la producción como en la distribución del producto desde que
aparece como materia prima, hasta la salida al campo o cuando es consumido. En
ésta medida, se afirma que la combinación de relaciones verticales y horizontales,
las alianzas y rivalidades profesionales, la competencia por segmentos definidos
de mercado y por ganancias, dan lugar a la formación de una cadena productiva.
Por tanto dichas relaciones generan beneficios como acceso a menores costos, a
insumos más especializados con más grado de innovación tecnológica,
flexibilidad, mayor adaptación, estandarización de procesos, eficiencia en tiempo
de producción, entre otros.
Entonces el propósito de la integración empresarial se basa en la promoción de la
generación de organizaciones productivas, que adopten esquemas eficientes de
relación entre empresas independientes, permitiendo a estas últimas lograr