debe, pero bien que mal, a un culpable se debe hallar para aplacar por un tiempo,
la furia de una multitud iracunda que busca soluciones, piénsese tan sólo en algo
como sembrar evidencia incriminatoria para detener a alguien y endilgarle la
responsabilidad ominosa de ser el asesino serial buscado, todo para acallar el
clamor de la gente a causa de una justicia ineficiente, cosa que sólo durará hasta
que el falso asesino sea revelado por un nuevo crimen del verdadero, aún libre, y
con ello propiciar un nuevo sacrificio inocente para mitigar el hambre de sangre,
siempre que no se sabe cómo hallar al verdadero culpable.
De ese modo se propone encontrar y elaborar cuentos, no chinos, o
analizar historias de este tipo para diseccionar la violencia, desenmascarándola de
un modo en que no sea tan brutal, hablar de ella, invocando símbolos u otras
maneras de hablar de las cosas, así como el fuego prometeico revela progreso, un
asesino serial mata de verdad, pero de él se acepta tal conducta que lo define, no
así de un jefe tirano que mata o aterroriza psicológicamente, de modo que
intercambiando jefe por asesino, la realidad se transfigura en una historia que sí
podemos contar, pues los nombres o descripciones de los seres reales, se
reemplazan con categorías simbólicas donde se exagera al extremo, trágico o
cómico, una cualidad para comprender lo que ocurre, para verlo con otros ojos.
Cuántas veces, si nos cuentan una historia de otra forma, logramos
comprenderla, cuántas veces, si lo traumático de la violencia padecida se cuenta
de otra forma, el dolor se supera sin que nos duela o re-vivamos el dolor original,
cuando vemos el sufrimiento como si no fuera el nuestro, trasladado al personaje
desafortunado de una historia, al ser el otro testigo que lo ve, en realidad, vemos