la violencia sin ser silenciados por ella, tal cosa se trata con una Hermenéutica
simbólica de la misma, pues armados con metáforas se logra explicar y descifrar o
resolver el enigma de lo vivido, conociendo no sólo un recuento de datos fríos, en
todo caso, interpretando, como toda intento hermenéutico que se precie, lo que
pasa y por qué pasa en la cotidianidad laboral, más allá de sólo sufrirlo y quedar
callado por éste.
En pocas palabras, una Hermenéutica metafórica del mobbing consiste, en
términos generales, en una propuesta de cómo interpretar, explicar y hasta
descifrar los cómo y por qué de la violencia laboral, invocando para éstos,
metáforas o mejor dicho historias o fabulaciones, con y sin moraleja o mensaje,
donde literalmente contamos un cuento, a veces de hadas, otras tantas más
realista, de policías y ladrones, como retrato simbólico de algo que vivimos, donde
precisamente símbolos o cambio de nombres y hasta inventar nuevas situaciones
no ocurridas en verdad, reemplazan hechos y personas reales, lo que permite
contar lo que pasó, ya sea caricaturizándolo de manera irónica, una estrategia sin
duda para leer la violencia, sin admitir o reconocer que tal o cual cosa nos
ocurriera en realidad, así, podemos apartarnos críticamente de la vivencia
sobrecogedora para analizarla, verla desde fuera, como si fuéramos testigos y no
protagonistas de la misma, lo que inaugura un modo e incluso un nuevo tipo de
terapia narrativa, que a base de metáforas, nos descifra la estructura y
fenomenología del acoso moral de manera casuística, mostrándolo, lo que abona
tanto a nuestra comprensión de cosas como el linchamiento emocional o el
psicoterror, pero además, brinda una herramienta terapéutica para la