él, múltiples interpretaciones y significaciones respecto al producto cultural
consumido.
Cabe dejar claro que el sector cultural es el conjunto de ámbitos
disciplinarios en los que se organiza y clasifica la actividad creativa en el campo
de la producción artístico cultural. Se trata de ámbitos donde se producen
prácticas, objetos y obras que son reconocidos por la comunidad como artístico
culturales. El sector cultural, corresponde al “conjunto socioeconómico que forman
las personas y empresas que se consagran a la producción y a la distribución de
bienes culturales y de prestaciones culturales” (Harvey, 1990: 104).
Al igual que en el caso de la ciencia y la tecnología, en las que su consumo y
creación se adecua a los requerimiento sociales, el arte es producto de su tiempo
histórico y por tanto, su consumo y creación dependen de éste, en ocasiones, la
obra puede darse a conocer fuera de su tiempo de creación y/o tener un éxito
posterior, hay propuestas de arte que parecen ser trasladadas de tiempos
pasados y se reconocidas como tales en el presente; o pueden irrumpir en el
tiempo y por su novedad modificar su contexto inmediato o el contexto global. A
pesar de que no todas las obras son creadas para ser mercantiles, todos los
productos del arte aspiran a ser consumidos. ¿Qué es entonces, un producto
cultural? “aquél elaborado por el hombre como una muestra de su manifestación
cultural, con valores sociales de grupo que fortalecen su identidad, representan su
gusto y la estética del momento histórico”, son entonces, las piezas, los bienes
culturales, las obras que aportan elementos al desarrollo del patrimonio cultural y
que nacen de cada individuo (Téllez, 1998). El artista plástico y teórico de arte
Othon Téllez, intenta explicar por medio de una triada simple de conceptos, la