Página 204 - APRENDIZAJE, CONOCIMIENTO

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construcción social del sentido, en el papel que desempeñamos como actores de
consumo y en este caso en particular, como consumidores culturales. El consumo
cultural es de creciente relevancia para las ciencias sociales, pues constituye un
espacio, no solo de satisfacción de necesidades, sino también de realización
individual, donde los individuos despliegan estrategias encaminadas a generar
sentidos de pertenencia e inclusión social. Puede considerarse un consumidor de
arte o consumidor cultural a todo aquel que de una u otra forma mantiene una
relación constante con las propuestas artísticas y que además las frecuenta en
salas de museos o galerías, o bien que las compra o colecciona.
Hablar de
consumidores culturales nos obliga a entender que hay tantos y tan diversos como
la formación cultural de los individuos de una sociedad. Es preciso considerar el
contexto y dicha diversidad cultural y comprender la influencia de este hecho en la
inmensa diversidad de públicos que son cercanos al arte, para así evidenciar la
multiplicidad de formas en las que el arte puede ser consumido.
Si el consumidor se acerca sin prejuicio a una obra de arte y si la obra artística
cuenta con las características propiamente artísticas que la distingan de otros
productos culturales, entonces se genera la primera acción de cercanía que
permitirá al consumidor pasar de un consumo circunstancial a uno como
aficionado, pues empezará a habituarse a la disciplina de su preferencia.
Se trata
de una práctica en la que los individuos movilizan sus recursos y repertorios de
arte, es decir, en sus formas de clasificación de la realidad, sus habilidades de
decodificación de obras y mensajes complejos, su sensibilidad artística, sus
competencias comunicativas y sus capacidades de asignar sentidos;
motivando en