instrumento de la eficacia para la productividad de las organizaciones por parte de
la Administración y Teoría de la organización; es decir, que desafía al
conocimiento que se gestiona desde dimensiones pro-empresarial, con las que se
pretende orientar a la organización hacia acciones coordinadas con base en
políticas de control pertenecientes a la figura positivista de la economía moderna;
pero que resultan limitadas, reduccionistas y contradictorias a las acciones
cotidianas de la realidad organizacional.
Con base en esta consideración crítica de Alvesson, de razonar las formas en que
el conocimiento organizacional se gestiona desde dimensiones limitadas,
reduccionistas y contradictorias, surgen nuevos puntos de vista para tratar
científicamente al conocimiento en las organizaciones.
Estos puntos de vista, sugieren ver al aprendizaje organizacional como una
propiedad de la cultura organizacional. Y su idea tiene un mayor alcance al
mencionar que “analizar el
término de cultura corporativa no es lo más apropiado,
porque las organizaciones se han enfocado en utilizar el término de cultura
organizacional, pero esta solamente se forma de manera individual en cada
organización durante su propio existir” (Alvesson, 2012: 1194). Por lo que sugiere,
que la cultura organizacional se analice como una realidad que responde a una
cultura corporativa y a su proceder cotidiano que da noción al simbolismo
organizacional.
Desde el punto de vista de Alvesson respecto a la cultura corporativa y simbolismo
organizacional, ambos tienen una complejidad que está implícita en la vida misma