hablar de los mineros se trata de “los condenados a las minas…habitantes de
ultratumba”.
Hagamos un breve apunte histórico, ubicándonos en la Europa del siglo XIX:
“1860. En aquel entonces, las minas de carbón eran explotadas aún, en gran
medida, por particulares y solían ser de pequeño tamaño, aunque la magnitud de
los grandes desastres mineros fortuitos da alguna idea de la escala a la que
operaban: 145 muertos en Risca, en 1860; 178, en Ferndale (también en el sur de
Gales), en 1875; 140, en Swaithe (Yorkshire), y 110, en Mons (Bélgica), en 1875,
y 200, en High Blantyre (Escocia), en 1877” (Hobsbawm, 1998: 222).
Desplacémonos al norte de México, principios del siglo XX, a la región carbonífera
del norte de Coahuila. “En el tiro número 6, ocurre una violenta explosión. Fallecen
los 125 mineros del segundo turno. Toda la población intentó con sus propias
manos, el rescate de sobrevivientes. Sólo encontró cadáveres deshechos por la
explosión y los derrumbes…La ventilación era insuficiente en las minas abiertas
para la explotación en 1887…La mina número 6, no tenía suficientes abanicos
para la inyección necesaria de aire, permitiendo la acumulación del grisú, el gas
que es un detonante letal cuando se acumula en el interior. Así, la seguridad de