Así mismo, Jaramillo (2006), añaden que la sociedad emite juicios significativos
sobre la calidad en la formación que la institución universitaria imparte en sus
estudiantes, ya que a través de los egresados se refleja el nivel profesional con
que los prepararon para su desempeño tanto social como laboral. Según Vera
(2008) , ahí radica la necesidad de vincular una relación estrecha entre las
universidades y las empresas, mediante programas o proyectos donde
promocionen el desarrollo emprendedor entre sus estudiantes, y de esta manera
ayudar al desarrollo económico de la región.
Formación de emprendedores
Cada vez es mayor el consenso que existe sobre el rol de la Universidad como
formadora de emprendedores. Laukkanen(2000) considera que para las
universidades el hecho de formarlos se podría considerar la «tercera obligación»,
entendiéndola como motor de desarrollo. Al momento en que asuman esta
obligación, harán posible que la enseñanza del emprendimiento produzca mayor
creación y mejor crecimiento de empresas, traduciéndose en un importante
progreso regional.
De acuerdo con lo anterior, la investigación realizada por Álvarez y Jung (2004)
afirma que cuanto más intensiva sea la enseñanza del emprendimiento en las
instituciones de educación terciaria, más probabilidades habrá de que los
estudiantes hagan el esfuerzo por empezar un nuevo negocio y, de esa forma,
contribuir al desarrollo de la economía.