necesidad de contar con un instrumento que alienta la equidad en educación
superior al crear condiciones más favorables para la permanencia en las aulas
universitarias de los alumnos que provienen de los estratos económicos más
vulnerables de la población.
Un aspecto novedoso (y positivo) de Pronabes, como bien lo consigna Miller
(2009b), tiene que ver con el hecho de que los recursos se ponen de lado de la
demanda, es decir, van a parar directamente a manos de los estudiantes, y no del
lado de la oferta, que se refiere a las autoridades universitarias. Es saludable
también el incremento en la cobertura del programa de becas, que pasó de 3.1%
de la matrícula nacional de educación superior en su primer año, 2001, al 14.9%
en el ejercicio de 2012.
Diferentes estudiosos del tema coinciden en diversas críticas. La más importante
de todas, es la inexorable pérdida del poder adquisitivo de la beca, pues los
montos siguen siendo los mismos desde el primer ejercicio del programa. En base
a la calculadora de inflación del INEGI se puede determinar más del 65% de
pérdida del poder adquisitivo del apoyo económico que se concede. Un problema
de la misma envergadura es el hecho de que Pronabes apoya a los estudiantes
una vez que están en la universidad, pero no alienta el ingreso a la educación
superior. Esto significa que por su condición de pobreza una buena parte de los
estudiantes prefiere no matricularse en las universidades. El auténtico logro de la
equidad educativa debe ligarse con el hecho de que los estudiantes arriben a la
universidad sin importar su origen económico o social. En uno de los apartados
anteriores se consignaron diversos datos que confirman lo anterior, por ejemplo,