Página 622 - EDUCACIÓN Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

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en didáctica, además de la disponibilidad de retroalimentar las actividades de los
alumnos (a los universitarios sí les gusta saber cómo mejorar); además,
plantearon la necesidad de profesores flexibles en términos de realizar sesiones a
distancia, o de tener modalidades múltiples de entornos para el aprendizaje
(presencial, semi-presencial, mixto, etc.). En su desempeño como tutor, ven en él
una figura meramente administrativa cuya función principal es la de dar vistos
buenos por medio de su autorización en escrito sobre las actividades estudiantiles
más comunes. No observan en el tutor una figura legítima en el sentido
académico, menos en el sentido de atención a problemas o necesidades
estudiantiles personales. No obstante, la figura ideal del tutor radica en un
personaje comprometido con un papel elemental, el de consejero, guía y
canalizador, más allá de una versión autómata de autorización; por esta razón, le
ven como un personaje inútil o superfluo.
Estos aspectos son parte del reflejo que arrojan los resultados cuantitativos del
estudio de trayectoria escolar, por lo que es necesario indagar en otros aspectos
que rigen la labor del docente de manera que se propongan alternativas de
solución. El rol del profesor que en la actualidad es concebido como un facilitador
y acompañante en el proceso enseñanza-aprendizaje, dotado de todas las
competencias para cumplir esta función sustantiva, además de ser un especialista
en su disciplina y con capacidades investigativas para generar nuevo
conocimiento. En la práctica a veces está lejos de esa conceptualización.