pirotécnica quede desatendida, cuando es el tiempo en que más se necesita del
acompañamiento, seguimiento y control en las empresas; siendo los meses
previos a final de año el espacio de producción, para que en tal vía se ejerzan
medidas preventivas y soluciones de raíz, antes de correctivos en cuanto a las
lesiones, que son las consecuencias finales del problema.
Examinando el tema correspondiente a la normatividad para la regulación de la
pirotecnia en Colombia, se encuentra que no es suficiente o no se ha cumplido
adecuadamente, ya que ha adquirido mayor atención el tema de quemados. Más
aún, la Ley 670 de 2001, que es el único lineamiento gubernamental a nivel
nacional, otorga la responsabilidad a los alcaldes de cada municipio de decidir
cómo manejar el asunto en las diferentes localidades y, esto, ha hecho que cada
autoridad coordine la cuestión de forma distinta, de tal manera que quienes han
prohibido totalmente la fabricación, almacenamiento, venta y uso de la pólvora han
tenido que luchar contra la clandestinidad generada en zonas aledañas a las
grandes ciudades; mientras que en las regiones en las que se ha permitido, no se
ha tenido el control necesario (Corte Constitucional, 2012). Por otro lado, al
encontrarse fuera de las capitales han quedado desprotegidas, pero para cada
una de estas localidades la actividad se ha hecho importante, en la medida en que
es una fuente de generación de empleo y de subsistencia para sus habitantes. El
bajo grado de asociatividad tampoco ha ayudado mucho en la situación, debido a
que a nivel nacional solamente se cuenta con FENALPI (Federación Nacional de
Pirotécnicos), la cual está conformada por Pirotécnicos El Vaquero, Industrias