que existe un conocimiento valioso en la industria que se origina desde el propio
ejercicio de este trabajo y de las relaciones sociales que giran en torno a este.
De hecho, dos factores que podrían influenciar en la mejora del sector son, en
primer lugar, la asociatividad de las empresas pirotécnicas, para crear redes de
prevención y de aprendizaje, en las que se intercambie conocimiento entre los
polvoreros del país; además, que los fondos municipales que se han exigido por
medio de la Ley 670 de 2001, en verdad funcionen guiados a la prevención y
formación del sector, por lo que dichos recursos podrían ser utilizados para la
realización de conferencias de expertos de otras naciones, como se evidencia, por
ejemplo, en México o Japón. El segundo tiene que ver con la falta de
reconocimiento de la pirotecnia como actividad artesanal, por lo cual se
recomienda que la normatividad vigente tenga en cuenta ese hecho, ya que como
está formulada se trata a la pirotecnia como una industria. Respecto a ello, se ha
descrito en este trabajo que los procesos en su mayoría son manuales y es muy
poca la maquinaria que se utiliza, por eso están descontextualizados de la realidad
pirotécnica.
Asimismo, se percibe un enfoque contradictorio en las implicaciones que han
representado las normas, puesto que prácticamente dieron origen a que los
alcaldes de las diferentes ciudades prohibieran la pólvora, intentado disminuir el
número de lesiones, pero a su vez dejando sin mercado a las empresas que se
dedican a tal negocio. Entonces, partiendo de que por tal fenómeno hubo una
disminución radical en las ventas, es difícil para tales organizaciones implementar
las medidas de seguridad que se solicitan por medio de las Normas ICONTEC,