que la riqueza de las naciones se originaba esencialmente de la división del
trabajo y la especialización en una determinada actividad del proceso productivo.
En cuanto al poder, Olsen (1971) reagrupa las teorías en tres grandes corrientes
que analizan la política de las sociedades: la corriente elitista, la corriente
pluralista y el marxismo. (Chanlat y Séguin, 1987).
La aproximación elitista considera que el poder está concentrado en las manos de
una élite que posee cualidades, habilidades, aptitudes y condiciones
excepcionales, que la distinguen de la masa de individuos. Parece normal que una
clase dirija y la otra sea sumisa. (Chanlat, Séguin, 1987: 14) (Original en francés,
traducción propia).
Con esta visión concuerdan Taylor y Fayol al separar la concepción de la
ejecución. Así como la visión elitista de poder social ha influido en el diseño del
poder organizacional, la visión aproximación pluralista del poder social hará lo
suyo; autores como Crozier y Friedberg se basan en la visión pluralista del poder,
para Crozier “el poder es una relación, y no un atributo de los actores: es
inseparable de las estrategias para aumentar la flexibilidad, y por lo tanto el poder
de algunos actores en detrimento de otros” (Chanlat y Séguin, 1987: 15). La visión
marxista es que existe una lucha de clases, separadas en dos clases antagónicas;
una que posee los medios de producción y otra que no posee nada más que su
fuerza de trabajo que entrega al burgués objetivando en el total de valores de uso
que produzca.
Bajo esta visión el trabajo tiene la conjunción teórica del analisis funcionalista de
los estudios organizacionales y el aspecto de Marx, ambas corrientes han sido