social representando las bases para la comprensión del sentido común (Barg,
2003).
La educación familiar se lleva a cabo a partir de un proceso complejo donde los
padres inciden directamente consciente e inconscientemente donde se selecciona
un repertorio cultural relevante de su contexto y generando comportamientos
precisos. El proceso de socialización comienza desde el momento del nacimiento
que sitúa su inicio en la vinculación afectiva del bebé con la figura de apego
(Pontalis, 1974) y continúa a lo largo de toda la infancia, debiendo ser un proceso
gradual, secuenciado, sincronizado con el desarrollo del individuo y con su
participación activa en el contacto social continuado, adecuando la organización
de los estímulos sociales al nivel evolutivo del niño (Erikson, 1983). Los padres
ejercen su papel socializador, fundamentalmente, por dos vías de actuación: como
modelos (atractivos y afectuosos) y mediante las prácticas educativas que llevan a
cabo. La educación familiar se realiza por medio de la imitación y de la
identificación con los padres a través de los lazos afectivos y de la convivencia
(Jiménez, 2005).
Bourdieu, (1997) explica que el espíritu de la familia se configura como una ficción
creada en la colectividad que trasciende a los individuos, que se constituye por
múltiples relaciones que se establecen en el inter juego de la cotidianidad a partir
de un orden social fundado; en este sentido, la función social de la familia en el
desarrollo de los individuos se entremezcla a partir de establecer los primeros
esquemas cognitivos aprendidos en el tiempo y espacio en la trayectoria histórica
del individuo a través de la transmisión de conocimientos, valores, normas,