La presencia del Estado como eje regulador de la vida social y económica ha ido
adquiriendo nuevos límites, dejando en manos de la sociedad civil y sus
organizaciones sociales y privadas un número cada vez mayor de
responsabilidades, con lo que se hace necesario que se exploren nuevas formas
de ejercicio de la responsabilidad que se tiene para con la sociedad en su
conjunto, y en particular con aquellos implicados en los procesos que conforman el
objeto de las organizaciones.
Dentro de este contexto se hace cada vez más disfuncional la existencia de las
empresas tradicionales, caracterizadas por la centralidad de lo económico y por su
visión patrimonialista que les impide visualizar los ámbitos de responsabilidad que
implica el jugar un papel central dentro del orden social.
De frente a esta realidad que plantean la globalización y la economía de mercado
la empresa como institución social debe comprometerse con sostenibilidad global,
el ejercicio pleno de los derechos humanos, la superación de la pobreza y la
profundización de la democracia por ser los aspectos centrales de la vida social
actual.
En el marco de estos planteamiento cabe ahora cuestionar ¿Cómo una empresa
puede integrarse a esta tendencia de la gestión organizacional socialmente
responsable?
De entrada el asumir una práctica empresarial socialmente responsable implica
que la empresa de inicio habrá de incorporar en su gestión, decisiones, políticas, e
inversiones, así como la participación continua de los grupos de interés en función