proveedores, a los consumidores, sino también a la comunidad en la que está
inserta, y en un mundo globalizado, en ocasiones, afecta globalmente. Cortina
(2007), comenta que la responsabilidad social no trata de una ética desinteresada,
sino de una ética de interés universalizable, de interés de todos los involucrados
con la empresa.
Ante la globalización de la economía, el incremento del poder de los grandes
bancos y las grandes multinacionales, así como la creciente impotencia del
Estado, los sectores político y empresarial parecen incapaces de garantizar la
satisfacción de algunas necesidades básicas de las personas. Los medios dieron
cuenta de prácticas deshonestas corporativas que tuvieron lugar en los últimos
años afectaron la percepción de la opinión pública sobre el sector privado,
quiebras fraudulentas, maquillajes contables y prácticas ilegales como Enron,
WorldCom y Parmalat, entre otras, dictaron las pautas para realizar reformas
legales punitivas contra el fraude corporativo, abriendo un espacio al debate sobre
las prácticas éticas empresariales, que en otros tiempos fueron desdeñados. Así,
lo ético se traslada al campo organizacional, con el fin de conformar una cultura
empresarial enmarcada en determinados valores que persiguen en la realización
de sus objetivos, aparte de metas financieras y lucrativas, el bienestar social y
colectivo. (Guerra, 2007).
Para Guerra (2007), la responsabilidad social empresarial, más que una moda,
remite una conducta de empresarios y trabajadores, empleados y accionistas que
debe estar convencida de la necesidad y el deber de actuar éticamente en todos
sus ámbitos de acción. La responsabilidad social debe asumirse como un criterio y