libro Morgan sustenta una consistente premisa que ha sido retomada como base
de numerosos estudios y modelos de gestión: las teorías de la organización se
basan en poderosas metáforas profundamente arraigadas en nuestro cerebro (y
en nuestra cultura, añadimos). Las metáforas más recurrentes, dice Morgan, son
ocho: i) las organizaciones comprendidas como máquinas; ii) como organismos; iii)
como cerebros; iv) como culturas: v) como sistemas políticos; vi) como prisiones
psíquicas; vii) como flujo y transformación; viii) como instrumentos de dominación.
Llama la atención que no aparece la metáfora lúdica, es decir, las organizaciones
pensadas como espacios de juego en el que los jugadores asumen roles
diferenciados.
Por su parte, Crozier y Friedberg (1990:57) establecen que la organización “se
conceptualiza como un conjunto de juegos articulados entre si” y señalan que:
El juego es el instrumento que los hombres elaboraron para
reglamentar su cooperación; es el instrumento esencial de la acción
organizada. El juego concilia la libertad con la restricción. El jugador es
libre, pero si quiere ganar, debe adoptar una estrategia racional en
función de la naturaleza del juego y respetar las reglas de éste (Crozier
y Friedberg, 1990:56).
Como nos percatamos, para Crozier y Friedberg el juego es una instancia
subordinada a la elección racional del actor o jugador. Lo que llama la atención es
que muy pocos estudiosos hayan seguido los trazos del juego en las
organizaciones, no así con las estrategias racionales que han sido estudiadas por
innumerables investigadores.