muchas especies animales utilizan también herramientas, haciendo perder al
“homo faber” uno de los rasgos que él creía poseer en exclusiva. Después de esta
serie de avatares, ¿cuál especificidad le queda entonces aún al hombre? Pregunta
crucial que condiciona toda indagación seria sobre la superioridad del género
humano (204).
Ante la pregunta de CHANLAT, la respuesta que se plantea es: «lenguaje»,
ese lenguaje natural a las personas y que, diría PUTNAM, “lejos de ser esencial al
pensamiento, funciona como mero vehículo de la comunicación del pensamiento”
(2000:29). Toda comunicación humana está inmersa en un océano de palabras al
que conocemos como lenguaje, que es (probablemente) la característica más
notoria que nos distingue del resto de las especies animales. El hombre es el
único animal capaz de establecer un diálogo con las palabras, pero el lenguaje no
sirve sólo para comunicarse. Con el lenguaje se crean discursos, se domina, se
convence, se instruye… y es un sistema de comunicación tan complejo, que para
entenderlo se recurre a la ciencia de la lingüística, que es la ciencia que se ha
dedicado a entender su especificidad, reconociendo principalmente si lo que
ocurre en el proceso de comunicación es un lenguaje o sólo un sistema de
códigos que no produce diálogo. La lingüística es, en palabras de BENVENISTE
(1974:32), “el intento de apresar ese objeto evanescente que es el lenguaje, y de
estudiarlo a la manera como son estudiados los objetos concretos”, mientras que
el lenguaje, pues, se caracteriza porque es capaz de producir y promover el
diálogo.