se producirán después. También descubre que, con las palabras, se puede hacer
un uso infinito con recursos finitos.
Por su parte, BENVENISTE (1966) apunta que una capacidad bien
distintiva del lenguaje es que sirve para vivir. Es a través de la palabra que el ser
humano expresa su ser, su identidad personal, pues con la palabra nos
expresamos o comunicamos (GUSDORF, 1952). Así, según las palabras que
utilizamos podemos confirmar la identidad de la persona con la cual entramos en
contacto, o negarla. Por ello, cuando usamos la palabra hay una dimensión ética.
Impedir que la gente hable es atentar contra su identidad porque el lenguaje
determina (construye) la realidad de las personas e influencia su manera de
observarla. Dicho sea de paso, es ahí donde radica la importancia del discurso,
producto de la disciplina que se ha dedicado a enseñarle a la gente a hablar: la
retórica, que surgió en la antigua Grecia, con los sofistas, como herramienta de
persuasión. Esta herramienta no ponía juicio en la veracidad de los argumentos,
sino en la efectividad de los discursos.
Sobre literacidad
El concepto “literacidad” se toma de la década de los 1950, cuando se
presentó la necesidad de entender qué competencias tuvieron que desarrollar las
personas que empezaron a trabajar con telégrafos primero y con manuales de
procedimientos después (MENDOZA, S/F). Los estudios sobre «literacidad» se
oponen a los estudios sobre «oralidad», en tanto que observan las maneras en
que nos expresamos de forma escrita. Así, lo que se busca hacer en esta tesis es
analizar el dispositivo de comunicación informatizada (el espacio, la organización,