percepción y entendimiento. Pero para poder explicar objetivamente los
fenómenos sociales es necesario separarse de la propia realidad, reflejo de
nuestra posición en el ambiente social que estamos observando y generadora de
prejuicios sobre lo que estamos observando. Cuando logramos hacer esto, se dice
que se cultiva la imaginación, permitiéndonos ir más allá de nuestra propia
realidad.
Otra labor que realiza la sociología es la de estudiar el equilibrio que existe
entre la reproducción social y la transformación social, es decir, el equilibrio
existente entre el funcionamiento social en sus distintas etapas de desarrollo y los
cambios que la sociedad experimenta en cada una de esas etapas. Esta tarea
está ligada a la anterior, porque se ocupa de entender tanto lo que ocurre con los
individuos en su vida social, como las transformaciones sociales que el propio
individuo experimenta consciente o inconscientemente, siempre a partir de la
interpretación que logre quien observa, que interpreta a partir de su propia
experiencia, de su propia consciencia, forjada por su propia participación en el
mundo social en el que crece y se desarrolla. Así, por más objetiva que parezca
ser la descripción de los fenómenos sociales observados, estaremos sujetos
siempre a conocer tan sólo indicaciones de la consciencia, tipificadas o creadas
por la subjetividad de nuestra propia interpretación. No obstante a lo desalentador
que puede parecer ser lo anterior, la subjetividad se puede mitigar en tanto existan
más y más análisis sobre el mismo fenómeno, pues el objeto del pensamiento se
aclara progresivamente con la acumulación de diferentes perspectivas de estudio.
Es de esta forma que los actos de la sociedad —delineados por la misma