consideran relevante y significativo. Así, la intervención hace emerger rasgos
culturales situados que dan cuenta del proceso al tiempo en que lo sostienen.
Una experiencia de laboratorio significa la inserción de un cambio concreto
en la organización: la creación de un espacio dialógico para la interacción entre
profesionales en pro del análisis y proyección de mejoras. Tal hecho impulsa un
contexto discursivo que es la base del desarrollo comunitario.
Teniendo en cuenta que las prácticas laborales se encuentran mediadas
por el lenguaje, sea en la forma de vocabulario técnico o como sistemas de
clasificación (Bruni y Gherardi, 2007), las prácticas discursivas concatenadas al
cambio tienen una doble función; son un instrumento de comunicación productiva
dentro del espacio producido por el laboratorio (en este sentido son tanto recurso
como tecnología de trabajo grupal) y son elementos mediante los cuales la
transformación es operada. Se trata, por lo tanto, de un proceso mediado por el
discurso en acción. Las prácticas discursivas dan cuenta asimismo del saber
práctico, por lo que se trata de una dinámica en la que las competencias
comunicativas apuntalan otras competencias profesionales al momento en que el
cambio es producido por los propios miembros del sistema de actividad.
El trabajo escolar: reformas y contradicciones en el sistema de
actividad
A continuación discutiré la pertinencia de la Teoría de la Actividad y su
aportación al redimensionamiento de las prácticas inmiscuidas en el cambio
organizativo por medio de la ejemplificación de un sistema de actividad
concreto: una organización escolar. Ésta es retomada como contexto laboral