desarrollaron análisis del significado de los eventos organizacionales, los símbolos
y la cultura organizacional. A este enfoque se le denominó interpretativo o cultural.
Con el giro lingüístico la comunicación organizacional ganó en la definición de
nuevos temas objeto de estudio y replanteó la discusión en torno a una
organización que ya no es concebida como objeto, sino como constructo social.
Por consiguiente, la discusión en comunicación se centró en los procesos de
interacción, significación y sentido.
Cabe señalar que en paralelo a los abordajes interpretativos se desarrollaron los
críticos de los que son emblemáticos los trabajos de Alvesson (1992), Clegg
(2006) y Mumby (2013) en los que se destacó entre otros objetos de estudio, el
poder, el control y la distorsión de la comunicación; por ejemplo, se llevaron a
cabo estudios sobre voces silenciadas en la organización, el ejercicio del poder y
control a través de las distorsiones de la comunicación.
En este nuevo horizonte de los estudios de comunicación organizacional aparece
una variedad de conceptos que enriquecieron el desarrollo de la misma, tales
como sentido, significado, cambio, etc. En contraste a los que habían dominado la
primera mitad del siglo tales como información, medio, herramienta y estructura,
principalmente.
El viraje propuesto por el giro lingüístico pareciera menor, sin embargo, en el caso
de la comunicación organizacional con enfoque interpretativo cambió el centro de
gravitación. La realidad material de la empresa, como se había pensado desde la
visión funcionalista y de la cual se proponía la gestión de la comunicación en
términos instrumentales, resultaba insuficiente para ofrecer respuestas a las