nuevas realidades que enfrentaban las organizaciones. La comunicación pasó de
ser un objeto-herramienta, a una realidad construida socialmente a partir de
procesos que tienen atadura en la convención social. Así, la comunicación
adquiere un alto grado de complejidad pues de ser instrumento de gestión,
demanda una comprensión particular de los sujetos que participan de ella y de
sus horizontes de significados en contextos definidos.
En términos ontológicos, desde esta perspectiva, la organización se concibe como
una construcción social que depende de la emergencia de esquemas compartidos
que se expresan en el lenguaje y otras construcciones simbólicas desarrolladas a
través de la interacción social. Tales esquemas proveen las bases para un sistema
de significados compartidos que permiten las actividades día a día llegando a la
rutina o a darse por sentado (Smircich en Parker, 2000: 69).
De esta manera las investigaciones interpretativas desplazan el foco de atención
de las actividades económicas y su correlato, procesos informativos, a un énfasis
en la dimensión social de la organización y sus procesos de significación.
Esto último es de destacar, pues el punto más recurrente para comprender la
condición de vida social surge de los significados compartidos de los sujetos, de
allí que la meta expresa de los estudios de comunicación organizacional con
enfoque interpretativo sea mostrar cómo las realidades particulares llegan a ser
socialmente producidas y mantenidas a través de pláticas ordinarias, historias,
bromas, consejos, ritos, rituales y otras actividades diarias (Deetz, 2000). Para ello
la atención analítica se dirige al simbolismo de tales formas narrativas y las
funciones sociales que cumplen tales prácticas en la organización.