fenómenos de la comunicación y, a la inversa, la organización puede hacerse
extensiva en la intersubjetividad del colectivo que le provee de vida social: la
cultura y sus modos de reproducción:
La comunicación se caracteriza por ser horizonte de entendimiento para
aquellos que se salen al encuentro en “un mundo” fenoménicamente
determinado; es decir, existente como horizonte de objetos, usos y
experiencias comunicativas cuyo sentido descansa sobre ese “suelo” pre-
dado y al que actualizan, culturalmente hablando, en su validez como
mundo a priori a través de sus interacciones. Si tal cosa es cierta, los
eventos comunicativos (objetivados culturalmente, pero siempre y de todos
modos subjetivamente comprendidos) han de poder presentarse en su
operación como objetos de experiencia, “como correlato de la subjetividad
que le da su sentido de ser, a partir de cuyo valer el mundo absolutamente
‘es’” (Ávila y Schiaffini, 2013: 174).
De modo que también en estos escenarios la comunicación (o mejor, lo que se
comunica) sólo puede ser inteligible de cara al horizonte de sentido que
condiciona todas las interacciones humanas, remanente de saber sedimentado en
el mundo social y normativo. Con esta idea en mente, queremos estudiar a la
comunicación en organizaciones formales de acuerdo con dos determinaciones
básicas: considerándola como objeto de gestión racional endo, exo e
interorganizacional, lo que demanda atender sus principios reguladores de
naturaleza funcional; y considerándola como universo de prácticas simbólicas, con
su propio dominio fenoménico y sus modos específicos de realización. Nos parece
que estas decisiones permiten complementar las orientaciones técnicas y el
interés profesional con el dominio estrictamente disciplinar de los fenómenos
comunicativos en estos espacios de trabajo.