a) por un lado, aportar elementos de juicio que permitan, en el mediano plazo,
avanzar en la justificación plausible de problemas, objetos y temas de interés para
la disciplina;
b) por otro lado, llegar a construir propuestas de intervención que eventualmente
conduzcan a generar organizaciones menos burocráticas y verticales, teniendo a
la comunicación como el
locus
desde el cual pensar los fenómenos organizativos,
y no sólo a la inversa, como habitualmente se hace.
Los problemas de conocimiento son, por supuesto, concomitantes a estos
objetivos, mismos que nos permiten abordar el análisis de problemas de diversa
índole: procesos de gestión cultural, mecanismos de representación en las
organizaciones, narrativas institucionales, emotividad en espacios formalmente
regulados, significación espacial en las organizaciones, mecanismos y
expresiones simbólicas del poder en organizaciones formales, y cambio estructural
en el régimen regulador del trabajo.
En última instancia, habría que señalar que esta amplitud temática hace que la
denominación de “proyecto de investigación” parezca algo corta y, más bien, se
sitúe en el camino y las aspiraciones de desarrollar algún día un programa de
investigación constituido por estos diversos objetos, preguntas y articulaciones
espacio temporales (de orden acentuadamente longitudinal). Sobre todo, como
sería según el planteamiento de Lakatos (1995), abandonando las hipótesis
aisladas como punto de partida metodológico e intentando “la unidad descriptiva”
de los programas de investigación, pues como dice: “la ciencia no es sólo ensayos
y errores, una serie de conjeturas y refutaciones”, sino que se constituye también