Bajo la presión de imperativos a menudo financieros y en nombre de la
globalización y la competitividad, las más grandes empresas se han lanzado a
estas transformaciones radicales. Los resultados obtenidos hasta hoy están lejos
de alcanzar los objetivos que se habían fijado al comienzo. (Chanlat, 2006) Dentro
de las dificultades que se han visto derivadas de estas condiciones vemos los
bajos salarios, condiciones laborales de constante competencia, estrés, e incluso
de violencia dentro de la organización.
La modernización organizacional en los países industrializados conlleva un
replanteamiento de fondo acerca de sus discursos y prácticas que han modificado
de manera decisiva las formas particulares en que asumen sus procesos y
estructuras. (Montaño, 2007) Dentro de estos cambios que se han venido
desarrollando, la concepción dominante del ser humano es la del homo
economicus racional, que relacione a sus estímulos externos y cuya universalidad
estadounidense debe ponerse en duda y revisada por completo. (Chanlat, 1994)
De esta forma y en la búsqueda de encontrar un espacio que busque tomar en
cuenta las dimensiones del ser humano y de un mayor equilibrio en la
organización, se desarrolla la antropología de las organizaciones, que se basa en
la idea de reagrupar el conjunto de los conocimientos que se tienen sobre el ser
humano. La idea que aquí se establece es la de revisar aquellos aspectos
esenciales de los que parte el ser humano desde su esencia principal, y dejar de
partir de la idea del ser humano como un ser económico y racional.