gradualmente expandida insensibilización pues cuando se destruye un culpado,
por un proceso autocrático y manipulador, antes que un culpable plenamente
justificado, parece ser que los conflictos que llevaron a su decapitación figurada
desaparecen, pero hasta cuándo y qué tanto, y si re-aparecen, qué no se detuvo
al verdadero culpable o había más de uno.
En casos así, tarde o temprano, esa victimización se arraiga y se convierte
en un proceso perpetuo de estigmatización violenta que no llega a término porque
siempre hay a quien culpar y muchas cosas de qué culparlo, así sólo se da la
escalada frenética de aceptar un modo violento que se torna más violento al verse
impotente de erradicar la violencia.
Por lo mismo, según Rodríguez-Carballeira (2008) el aislamiento y la
degradación, son formas supremas de abuso que instituyen formas de castigo
preventivo para diseminar la culpa, que no se limita a separar al elegido, incluso
se le mantiene dentro, haciéndolo presa continua de vejaciones y degradaciones
no disimuladas, sino que, por consenso, se busca la forma aprobada de hacerle
pagar lo que nos hizo, contando o no con su confesión pública, o ante su
inconciencia, que obliga a castigarlo con el mayor de los castigos, hacerlo sentir
tan mal, de manera que, para sentirse bien, busque ser liberado de su
incompetencia, inducida por los demás en él, siendo blanco idóneo y a modo, de
todo lo malo que pueda ocurrir, y así ya cese, de una vez por todas, la búsqueda
de culpables, aquél no puede con los remordimientos psicológicamente
implantados y se confiesa culpable de todo, el imputable por excelencia de todo
tipo de fracasos, que de aceptar castigo, llega a infligirse castigo, hasta el castigo