Página 283 - VIDA SIMBOLICA

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que, sin reparar todo el mal que se auto-adjudica como propiciador del mismo,
llega al punto sin retorno de la muerte simbólica, el suicidio metafórico, del no sirvo
y renuncio, me mato, no antes de que me maten, más bien, porque mato al seguir
vivo en razón de la ineficiencia redentora, empleado del que se dirá,
por él
andábamos tan mal
, hasta que el tiempo vea que ha de haber otros, que como a
él se les culpa sin que eso detenga o explique los efectos de aquello de lo que se
les culpa, pues lo que desemboca, en el sacrificio perpetuo y en la auto-inmolación
de la víctima auto-victimada (pp. 12-15).
Estereotipos de la persecución
Sobre la base de la lectura de la parte II de El Chivo expiatorio de Girard
(1986), puede advertirse que los acosados son primero perseguidos, tal es el
origen de su condición, pero quién persigue y a quién persigue, pueden uno acaso
ser el otro, y tal expresión como sus escenarios persecutorios se torna visible
apenas en el advenimiento de las crisis, en momentos de ruptura o de transición.
Pero, para éste, toda persecución es perpetrada por multitudes, dicho así
las persecuciones colectivas serían para Girard un desenlace inevitable del
desorden dentro y fuera de la sociedad o del contexto en juego, organización o
empresa si se quiere.
Girard sostiene que los perseguidores aducen que un pequeño número,
llámense mejores, diferentes, excluidos, o como se prefiera, o incluso uno solo,
podrían pese a su debilidad numérica ser nocivos para los demás, pues su
pequeñez no reduce su alcance, ya que serían sin duda capaces de inocular y